#DFF Elaboración de perfiles: Defendiendo a la población en paro en Polonia

Imagen © Ron Lach de Pexels

Seguimos resumiendo las jornadas del ciclo Taking Digital Welfare Systems to Court de la Digital Freedom Fund. En esta ocasión, nos centramos en la conversación relativa a un  sistema de toma de decisiones automatizada que elaboraba perfiles de desempleados en Polonia. La ponencia fue liderada por Jedrzej Niklas, investigador asociado en la escuela de Periodismo, Medios de Comunicación y Cultura de la Universidad de Cardiff y miembro de la Data Justice Lab. Acompañándole estuvo Cengiz Barskanmaz, investigador en el Max Planck Institute for Social Anthropology de Berlín como moderador de la sesión.

Niklas comentó el caso en el que estuvo trabajando mientras formaba parte de la  Fundación Panoptykon, una organización polaca que centra sus esfuerzos en reportar temas relacionados con la vigilancia a la ciudadanía. En 2014, el Ministerio de Trabajo y Política Social de Polonia decidió reformar el programa de desempleo que había hasta el momento e implementó la recopilación de datos y el trazado de perfiles. En concreto, este cambio afectaba a un total de 341 oficinas locales de empleo. 

Clasificación de desempleados: ¿sirve para detectar sus necesidades?

El sistema dividía a las personas paradas en tres grandes categorías, teniendo en cuenta las características individuales de cada una de ellas. Algunos de los parámetros que se utilizaban eran el sexo, el nivel educativo y el tiempo que aquella persona había estado desempleada. El objetivo, supuestamente, era adecuar las actividades y/o ayudas recibidas a cada uno de las personas solicitantes.

Los tres niveles de clasificación eran los siguientes:

1. Personas altamente cualificadas y que por su perfil no debían tener muchos problemas para encontrar un nuevo trabajo. El Ministerio de Trabajo y Política Social entendió que estas personas no necesitaban mucha ayuda de las oficinas locales de empleo. Por lo tanto, se les ofrecía cursos de formación, ayudas a la emprendeduría o la compensación de sus desplazamientos. 

2. Personas con ciertas habilidades, pero con perfiles que abundaban en el mercado laboral o que habían trabajado en una única empresa durante toda su vida laboral. Se consideraban que eran personas que no sabían cómo resolver su situación. A ellas, se les ofrecía un abanico amplio de actividades y facilidades como prácticas laborales, obtención de titulaciones o devolución de los gastos relacionados con el cuidado de sus criaturas.

3. Personas con serios problemas. Eran consideradas personas con actitud pasiva, que habitualmente estaban en contacto con asistentes sociales, no tenían estudios y/o su experiencia laboral era muy escasa. En esta categoría se incluían a personas con discapacidades o a mujeres solteras con hijos. Pese a ser el grupo que más dificultades de inserción laboral tenía, era al que se le ofrecían ayudas y/o servicios menos atractivos. Incluso en algunas oficinas de empleo ni siquiera se ofrecían estos servicios.

Según Jedrzej Niklas, esta clasificación no debería haberse tenido nunca en cuenta a la hora de tomar decisiones, sobre todo porque muchas personas podían quedarse fuera del sistema. Y se refiere principalmente a las personas del tercer grupo. Además, una vez se recibía una puntuación, era imposible pedir una segunda valoración o una revisión del resultado obtenido.

El papel de la sociedad civil en la judicialización del sistema

En el estudio realizado por la Panoptykon se analizaron los siguientes problemas derivados del uso del big data y de algoritmos para la toma de decisiones para otorgar ayudas. Por un lado, se analizó hasta qué punto el nuevo sistema era transparente en la recolección de datos, su clasificación y el veredicto final. Por otro, preocupaba la medida de impacto del algoritmo y la capacidad de las oficinas de empleo para ofrecer lo que realmente la población desempleada necesitaba.

Sorprendentemente, la oficina de Panoptykon empezó a recibir llamadas y correos electrónicos de personas afectadas por el sistema, pero también de personas que trabajaban en las oficinas de empleo. Se quejaban del error en las puntuaciones otorgadas y, por lo tanto, de una mala gestión de su caso en particular. Ante tal desigualdad, ni la fundación ni las ONGs que estaban estudiando estos casos podían personarse como acusación particular, sino que debían recurrir al Defensor del Pueblo.  No obstante, gracias a la publicación del estudio de Panoptykon se pudo conocer cómo funcionaba el sistema de puntuación y muchas personas aprendieron a utilizarlo a su favor. En el año 2019, el sistema fue declarado inconstitucional.

Derechos digitales de la ciudadanía

Para Niklas, llegar a trabajar en estos temas no solo requiere conocimientos en privacidad de datos, sino que hay que conocer en profundidad temas relacionados con el bienestar digital. Una unión de ambos conocimientos hace mucho más fácil poder contextualizar este tipo de situaciones y entender su funcionamiento. Además, consideró que este es un buen momento para reflexionar sobre los derechos digitales de la ciudadanía.

En este link podréis encontrar la charla que tuvieron Cengiz Barskanmaz y  Jedrzej Niklas al completo.

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